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No confundas grupo con equipo



Aunque a veces se usan como sinónimos, no son lo mismo. Mientras un grupo de trabajo tiene una orientación hacia la tarea, un equipo se orienta al sentido. Por lo tanto, la diferencia central entre un grupo y un equipo es la interdependencia que proviene de la orientación. En el primer caso, el objetivo es lograr una meta puntual y en el segundo, además, se guía por el propósito, esto último produce una mayor integración de los talentos para lograr resultados.


Para profundizar, pensemos en la empresa como una organización social que nace del liderazgo. En palabras de Peter Drucker: “un líder es quien es capaz de reunir las voluntades individuales en torno a objetivos organizacionales”. Iniciar una negocio junto a un grupo humano, es sin duda un acto que requiere de un líder. Quizá no el que nos cuentan en los best sellers, sino alguien con características más puntuales.


En algunas conversaciones con colegas del mundo académico hemos tratado este tema manteniendo la distancia con los estereotipos que se nos vende, y la conclusión es que emprender en América Latina tiene características como la tenacidad de enfrentarse a un sistema institucional que no siempre es apto para el emprendimiento. Lo cual requiere de varias competencias clave y sobre todo, una profunda capacidad creativa, característica puntual del liderazgo.


Pasar de la tarea a la estrategia


Ahora, la cuestión es, en qué medida ese liderazgo alcanza para llevar a las empresas hacia el crecimiento. Tomemos un dato real, el 85 % del tejido empresarial en América Latina son pymes y la mayoría de ellas son emprendimientos familiares. Entonces, es normal que se recurra a la familia para adquirir capital, conocimiento y, por supuesto, colaboradores. Por eso los primeros grupos de trabajo suelen estar compuestos por personas muy cercanas relacionados por vínculos que exceden el negocio. El fundador asume la dirección. En otros casos, se suele contratar colaboradores que no forman parte del grupo familiar, aunque están bajo el mando de alguien de la familia. A propósito, este tipo de organizaciones generan más del 65 % de las fuentes de empleo en la región.


También es normal que al inicio del negocio o cuando este no ha madurado, el enfoque preponderante sea a la tarea. Está iniciando, por lo tanto, necesitan afinar procesos clave para mejorar la productividad, adaptar los sistemas de producción, cerrar negocios con clientes, cobrar a tiempo, pagar a proveedores, etc.


Si todo marcha bien, entonces las necesidades de desarrollo de la empresa pasarán a elementos intangibles de mayor valor agregado. Necesitarán de un plan estratégico, business models más sofisticados, implementación de nuevas tecnologías, desarrollar subsistemas de talento humano eficientes, entre otros temas.


Entonces, qué pasa con los colaboradores. Lógicamente, no pueden quedarse atados a la tarea, que es necesaria, pero necesitan ir a la par del desarrollo y avanzar hacia el nivel más estratégico. Recordemos que los grupos hacen énfasis en la tarea. Por ejemplo, al inicio se forman bajo criterios como la estructura: dirección, producción, comercialización o quizá por finalidad: lograr ventas, producir, llevar las finanzas o incluso por jerarquía: gerencias, supervisores, operativos. En todo caso, se forman para cumplir con tareas específicas que son necesarias para poner en marcha el negocio. Con el crecimiento de la empresa, estos grupos deben transformarse en equipos. Uno de los elementos cardinales para lograrlo es dotar de propósito al trabajo del día a día.


Proveer de sentido es un ejercicio puramente intelectual. Viktor Frankl escribió un libro bastante conocido El hombre en busca de sentido. En esta obra, el autor que estuvo en campos de concentración nazis, plantea que una de las pulsiones humanas fundamentales es la capacidad de descubrir motivos superiores para la vida. Entonces, encontrar una relación con la realidad es una potente y vigorosa fuente de energía y creatividad, además que es un elemento clave para la resiliencia. Hay que destacar que el sentido se descubre, no es un acto de etiquetar las experiencias, es siempre un descubrimiento, es el “para qué” de lo que hacemos.


Regresemos al equipo de trabajo. Dotar de sentido es un descubrimiento, una experiencia individual que se combina con la de los demás. Es un propósito que se comparte y que le otorga una razón superior a la tarea específica que les convoca. Para lograrlo la pregunta clave es: ¿Para qué? Por ejemplo, si tiene un grupo que busca lograr ventas, probablemente sea el área comercial de la empresa: ¿Para qué lograr ventas?, la respuesta les ayudará a descubrir el sentido de la tarea que realizan. Claro, en muchos casos la pregunta debe repetirse hasta encontrar un motivo superior..


Un cliente con el que trabajamos descubrió que el propósito de su gestión comercial era resolver los problemas de movilidad de sus clientes. ¡Esto cambia todo! Pone en marcha los talentos y energía del equipo para alcanzar esa razón superior, compare con el enfoque en la tarea que hacía énfasis en lograr ventas. Por supuesto, este es tan solo un elemento que puede facilitar mucho la transformación de un grupo.


Conclusión


El sentido o propósito permite que los lazos se fortalezcan, conduce a la responsabilidad personal al asumir un papel que excede la tarea. Todos se ven y se sienten parte de algo superior. Sin lugar a dudas, este elemento fortalecerá la capacidad de influencia del líder, lo que le va a permitir avanzar de mejor manera hacia el futuro.


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