3 errores que se deben evitar cuando se implementa coaching en la empresa



Roxana, contrató un proceso de coaching ejecutivo para uno de sus gerentes. Ella es la directora de desarrollo en una importante organización en México. Dos meses después, decide terminar con el contrato y cancela al coach diciéndole: «tu coachee, no quiere continuar con el proceso». Me gustaría decir que esta es una situación ficticia, pero todo es real, excepto el nombre de las personas. Mientras las empresas adoptan el coaching como proceso estándar para el desarrollo de personas, queremos plantear tres grandes errores que se deben evitar al momento de implementar coaching profesional en la empresa.


Coaching, es el proceso; coach, es el experto en el proceso; coachee, es quien recibe el proceso.

No involucrar a los coachees

Carlos, el ejecutivo que iba a recibir coaching no sabía que Roxana estaba solicitando cotizaciones para su proceso. La intención de Roxana era resolver las brechas competenciales de Carlos, que ella había detectado en la última evaluación de desempeño.

Este es un error muy frecuente. El área de RR.HH. contrata al coach. El coachee (quién va a recibir coaching) ni siquiera está enterado y en muchos casos lo hace recién cuando empiezan el proceso. Esto debe evitarse, la razón es que el coaching requiere de la voluntad de la persona que va a recibir el proceso, por lo que es mejor involucrarlo, incluso hasta en la contratación. Conozco una empresa que permite que sean los propios ejecutivos quienes eligen a su coach. Luego, juntos, se encargan de diseñar el plan de trabajo con el ejecutivo.

En todo caso, por lo menos involucre al coachee en el diseño del plan de trabajo. Que no sea una sorpresa o mucho peor, que no sea una especie de «castigo» por no lograr el nivel de desempeño esperado.

No establecer metas claras

Roxana había escuchado sobre coaching en una reunión con otros colegas y le pareció interesante contratar un coach. No contraten coaching por moda, primero definan qué quieren lograr y luego validen si el coaching es el proceso adecuado para resolver ese tema. Un buen coach profesional asesora a su cliente en esta definición, le ayuda a aclarar para qué sirve el coaching y para qué no es recomendable.

Un proceso de coaching siempre debe perseguir un objetivo. Y este tiene que ser específico. No se puede diseñar un buen proceso sin conocer qué objetivo puntual persigue el patrocinador y coachee. Muchos de los errores en el diseño e implementación aparecen por este motivo. Por eso es importante definir con la mayor precisión posible. Esto también involucra el mantener las expectativas claras. Es decir, el coaching tiene áreas específicas sobre las cuales puede trabajar, y existen otras que no se resuelven por lo que las expectativas no cumplidas pueden frustrar en el corto tiempo a todos los involucrados.

Contratar coaching, para algo que no se desarrolla o resuelve con coaching

En Business Coaching School, hemos recibido pedidos de propuestas para realizar actividades que no tienen relación con el coaching. Recuerdo cierta ocasión en la que nos llamaron para «animar» una reunión de cierre de año en una empresa, ellos entendían que eso hacía un coach. Obviamente, aclaramos y no aceptamos la invitación.

Tomando en cuenta la confusión que suele existir, muchas veces se contrata procesos de coaching para temas que no corresponden con su naturaleza: animación de equipos, mediación de conflictos, terapia, catarsis grupal, etc.

Claro, en esto existe una corresponsabilidad del coach y del patrocinador. Un coach profesional jamás aceptaría un proceso que no corresponde al coaching. Esta es la marca ética del profesional y sin duda esto será lo que marque el futuro de nuestra profesión.


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