Perspectivas en coaching sistémico: el cliente invisible
- Editor Blog BCS
- hace 10 horas
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Vivimos en un escenario de hipercomplejidad y volatilidad económica. Las organizaciones han agotado el modelo del líder heroico, básicamente por falta de resultados. El paradigma tradicional, basado en la verticalidad de una sola figura de carácter providencial, resulta insuficiente para abordar desafíos transversales que requieren una agilidad técnica y una visión multidimensional. Esta transición ha consolidado al Coaching Sistémico de Equipos como una disciplina de gestión vital..
Sin embargo, la madurez de esta disciplina exige un cambio de enfoque. La eficacia de un equipo no se mide por la cohesión interna o el bienestar de sus miembros per se, sino por su capacidad de generar valor para un tercero que a menudo permanece ausente en las reuniones: el cliente invisible.
El error diagnóstico: el equipo no es el cliente
Históricamente, el coaching de equipos ha sido confundido con dinámicas de facilitación o team building. Estas intervenciones operan bajo una premisa endogámica: "Si el equipo se lleva bien, el resultado será óptimo". Desde una perspectiva de consultoría estratégica, este es un error de diagnóstico grave. Un equipo puede ser armónico, tener una comunicación fluida y, aun así, ser irrelevante para la organización si sus esfuerzos no están alineados con las demandas del sistema exterior.
El coaching sistémico subvierte esta jerarquía. Aquí, el equipo deja de ser el cliente para convertirse en el socio de ejecución. El verdadero cliente es el ecosistema de stakeholders: accionistas, consumidores finales, reguladores y el mercado global. Esta visión de "fuera hacia adentro" desplaza el foco de la comodidad interna hacia la responsabilidad externa.
La superación de los silos: el modelo de "equipo de equipos"
Uno de los mayores obstáculos para lograr esta transformación es la fragmentación del conocimiento y la responsabilidad, comúnmente conocida como "cultura de silos". David Clutterbuck enfatiza que la responsabilidad de las conexiones —horizontales, verticales y diagonales— no recae en un líder específico, sino que es una responsabilidad colectiva.
Los equipos modernos deben superar la "indefensión aprendida", tendencia a priorizar tareas individuales en detrimento del objetivo sistémico. El objetivo es alcanzar una agilidad similar a la de una bandada de pájaros: una unidad capaz de cambiar de dirección al unísono ante una demanda del cliente invisible, sin necesidad de instrucciones jerárquicas constantes. Esto requiere que cada miembro entienda la interdependencia de sus funciones y el impacto de su inacción en el resto del engranaje.
Del paternalismo a la autosuficiencia con el coaching sistémico
El fin último del coaching sistémico no es generar una dependencia del coach, sino dotar al equipo de una capacidad de autocorrección constante. En muchas organizaciones, las dinámicas de mando siguen un modelo "padre-hijo", donde la responsabilidad final es siempre delegada hacia arriba.
El éxito de una intervención de coaching profesional que permita tejer una red con otros grupos de interés en la empresa y alinearse a los objetivos estratégicos se mide por la transición hacia un modelo "adulto-adulto". En este estado:
La responsabilidad es compartida: El éxito o fracaso no pertenece al líder, sino al sistema.
La innovación es emergente: No se dicta desde la cima, sino que surge de la interacción fluida entre los miembros que detectan necesidades del mercado.
La resiliencia es estructural: El equipo puede absorber choques externos porque su estructura no es rígida, sino adaptable.
El retorno de inversión del enfoque sistémico
El coaching de equipos, bajo este prisma de rigor, se aleja de cualquier interpretación esotérica o motivacional. Es una estrategia de mitigación de riesgos y maximización de oportunidades. Al poner el foco en el cliente invisible, la organización se asegura de que su energía interna esté siempre orientada a la creación de valor externo.
En un entorno donde la volatilidad es la única constante, las escuelas de coaching que aspiran a la excelencia deben formar profesionales capaces de mirar más allá del equipo. El coaching sistémico no se trata de hacer que las personas se sientan mejor; se trata de asegurar que las organizaciones sean capaces de servir a su propósito en un mundo que no deja de exigir resultados.











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