Muñoz se enfrenta a Ruzzarin

Un debate que nos lleva a pensar sobre el futuro de nuestra actividad profesional.


El mundo de los influencers es una de esas características tan propias de nuestra era digital. Carlos Muñoz es un popular personaje vinculado al emprendimiento. Tiene una larga y exitosa trayectoria generando contenido para emprendedores. Pocos días atrás, tuvo una especie de debate con otro influencer, Diego Ruzzarin, un filósofo que tiene un poco menos presencia digital, pero en este debate demostró, sin lugar a dudas, que tiene ideas mucho más sólidas.


Muchos, quizá se pregunten porqué hacemos este análisis y me adelanto a comentar que es porque Ruzzarini ha declarado muchas veces que está en contra de «los coaches» y a nuestro parecer, está metiendo en el mismo saco a todos los que usen la etiqueta «coach» o incluso, a quienes muchas personas perciben como «coaches».


Entonces, empecemos por aclarar que para Business Coaching School, Coaching es un proceso de acompañamiento no directivo para facilitar procesos de aprendizaje y desarrollo individual, grupal, de equipos o incluso corporativo. Por lo que la actividad que hace Muñoz no entra dentro de nuestra concepción del coaching. Obviamente respetamos la labor de todas las personas, no hacemos ningún juicio de valor al respecto, simplemente lo que hace el popular influencer, según nuestro criterio, es entrenamiento o mentoring de negocios, pero no coaching.


Bien, en el debate, se pudo evidenciar dos niveles de conocimiento. Mientras Muñoz, utiliza su experiencia como base de lo que hace, Ruzzarini parte de ideas más abstractas, conceptuales, fruto de una sólida formación filosófica. Era evidente que ese debate iba a ser superado por quien tenía un elevado desarrollo intelectual en el mundo de las ideas. Y aquí debemos decir que Ruzzarini tiene razón en una idea central de su reflexión, eso que en BCS conocemos como «el pensamiento feliz».




Según las estrategias de manipulación mediática de Chomsky, la estrategia número 6 en particular, el uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional. Eso evita que las personas cuestionen, que sean críticos con el sistema. Lamentablemente la frase «todo se puede», cae dentro de esa manipulación emocional. Desde mi perspectiva, la actitud, es importante, pero no alcanza cuando tienes marcos institucionales que producen privilegios para unos en desmedro de otros.


Y aunque no específicamente Muñoz, sí que el coaching suele confundirse con los animadores del «todo se puede», idea que hace que las personas sientan que toda la responsabilidad cae sobre sus hombros, lo cual es falaz. Es una idea que lleva a la individualización excesiva y crea una noción de responsabilidad, un peso, imposible de procesar por parte de una persona, dejando de lado aspectos del contexto que provocan condiciones; el sujeto queda encerrado en un sistema y mientras no sea consciente de ello, vivirá engañado y pensando que todo es posible. En nuestro caso la formación sistémica es punto cardinal de todos nuestros programas.


Otra de las críticas persistentes durante el debate, de parte de Ruzzarini hacia Muñoz en específico aunque en varias ocasiones mencionó que es una crítica a todos los coaches es que estos creen que su propia experiencia puede servir para resolver la vida de los demás, lo cual no es verdad. Y estamos en completo acuerdo con esa idea. De hecho, el coaching profesional se caracteriza por comprender que el contexto particular de cada persona más su propio sistema de creencias y valores, es lo que le hace al individuo, por lo que mis experiencias poco pueden hacer a menos que la propia persona quiera tomar algo de ello para sus propios fines.


Es decir, un coach profesional jamás pretende enseñar a otro con base en su propia experiencia, la piedra angular del proceso de coaching es la no directividad. Claro, entendemos que el término coaching se utiliza a mansalva y que no todos los que usan la etiqueta son en realidad coaches no directivos, pero también creemos que el futuro de esta disciplina está muy vinculado a la capacidad de quienes nos dedicamos a esto de diferenciarnos.


Por cierto, Ruzzarini, dijo que muchos de los «coaches» no tienen formación de base, de hecho, lo demostró con Muñoz. Obviamente tengo que hablar por nuestra escuela. En el caso de nuestros programas de formación en coaching, la fundamentación filosófica es muy sólida, claro, a diferencia de Ruzzarini que declaró ser materialista dialéctico, nosotros incorporamos el análisis praxeológico y las consecuencias de la acción humana, es eso justamente lo que nos permite ofrecer un proceso que respeta el proyecto de vida de las personas y su propio proceso de desarrollo, a más de marcar una clara diferencia con la terapia o consejería.


Miren la entrevista, es muy interesante en cuanto a material para reflexionar sobre el futuro de nuestra actividad profesional y la distancia que tenemos que marcar con otras actividades que nada tienen en común con el coaching profesional.

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